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PIENSO, LEO, VIVO Y LUEGO ESCRIBO.

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Por Baltasar Hernández Gómez

El acto de generar pensamientos es una de las máximas virtudes de la humanidad y ésta hace que nos diferenciemos cualitativamente de cualquier ser vivo sobre el planeta. En la actualidad muchas personas abandonan o dejan a un lado el ejercicio de pensar, sometiéndose al ordenamiento del videns, que no es otra cosa que seguir el contorno superficial de los hechos en el mundo de la vida.

Lo audiovisual se convierte en supremacía sin que medie un ápice de análisis y mucho menos de crítica a lo establecido, para luego construir mejores horizontes de vida.

El ejercicio de pensar obliga a estar atento y con una visión global de todo lo que ocurre en lo micro y lo macro. Pensar no es observar y tener una idea a bote pronto, sino trasciende a lo infinito, debido a que es necesario analizar, comparar y dar juicio a los sucesos que van y vienen en la incesante espiral del desarrollo vivencial.

Pensar nos evita quedar estacionados en la inmediatez, para dar paso al panorama completo de la realidad con niveles profundos de abstracción sobre las representaciones del mundo. Desatender esta capacidad sui generis de la raza humana nos condenaría irremediablemente al automatismo.

Pensar reivindica la razón de ser y estar del Hombre, permitiéndonos vivir atentos y comprometidos con lo tangible material e intangible ideológico y del sentimiento. Sin embargo, si pensamos y no leemos para después registrar lo que ocurre estaríamos apostando a subsistir en el día a día como robots. Pensar y escribir se vuelve binomio para saltar el umbral de la intrascendencia y dar un salto a la persistencia…. a lo infinito.

Desde hace tiempo una gran cantidad de personas se comunican a través de mensajes casi onomatopéyicos, sean estos escritos o hablados. La juventud parlotea con contracciones (sonidos monosilábicos) que parecen gruñidos animalescos. El contacto interpersonal se ha convertido también en una vorágine de códigos restringidos impuestos por el manejo de la nueva tecnología (signos de puntuación y reducciones del lenguaje para expresar toda suerte de ideas o emociones, tales como TQM y anotaciones del tipo , , entre otros cientos de elementos incluidos en el teclado de las computadoras y celulares).

Las señales gesticulares prediseñadas en la escuela o antros, el sonido y las manos contorsionadas sustituyen frases, cartas, recados o conversaciones, que son mecanismos para decir a profundidad lo que se piensa. No es que sea puritano o invalide la flexibilidad o cambios en el proceso comunicativo, sino que esto irremediablemente se está convirtiendo en un libertinaje de símbolos, cambiantes, sin significancia y poco precisos.

Pareciera que estamos siendo testigos de una conspiración donde poco a poco está desapareciendo el contrato social de convivencia, para dar paso al acuerdo salido de no sé dónde, que obstaculiza la fluidez del pensamiento, reflexión, comunicación, lectura, debate y escritura. Para muchos integrantes de la Generación USB resulta un acto cavernícola intercambiar congruentemente el enorme tesoro cultural del lenguaje.

Muchos aceptan que las vías de entrelace más idóneas son el gemido, el chasqueo, la mueca y el colorido de sus reducidos códigos comunicacionales. Está imperando el silencio y las cosas a medias, lo cual produce y reproduce pautas conductuales de la sinrazón. Hay una vocecita que quiere hacerse pasar como válida:”lo que no cansa es bueno”.

No obstante este horizonte poco prometedor estoy convencido que es posible hacer pensar, es decir, que las personas reconozcan y se interioricen en valorar la vida y generar nuevas actitudes de respeto por los valores universales. Si desde la casa, escuela y el ámbito social nos proponemos a dejar de controlar los modos de pensamiento y escritura, estaremos permitiendo que los niños y jóvenes piensen por cuenta propia (sin obviar la enseñanza de la impecabilidad para la investigación y redacción), con la finalidad de que su vida sea trascendental.

Si logramos que los hijos, alumnos, vecinos, amigos y familiares tengan la oportunidad de disfrutar el acto supremo de pensar por sí mismos, estaremos develándoles un universo que había estado oculto. Hay que aprender a enseñar a pensar, a comprender, conceptualizar y abstraer el mundo. La lectura es el medio privilegiado e indispensable para el desarrollo de más y mejores “operaciones del intelecto y del corazón”. En otras palabras: el cultivo de la razón y la pasión humana en su máxima expresión.

Hoy en día los estudiantes demuestran ser indisciplinados, acríticos y poco conscientes de su entorno, apoyando su actuación en “su corta edad y poca experiencia”, lo que se traduce en una posición adversa hacia todo lo que para ellos representa aprender a aprender. Las herramientas más importantes en el proceso del aprendizaje, son la observación, estudio, análisis y síntesis, las cuales se potencializan estimulando habilidades de lecto-escritura, porque es a través de la vivencia, lectura y escritura como se ejercita el pensamiento lógico, creativo y plural.

Un buen lector es el que sabe leer con determinación y agrega su saber y experimentación. La lectura es un proceso entre el mensaje (en este caso reducido a su formato texto) y el interlocutor, que aporta saberes en la medida que ha realizado una abstracción-interpretación. Esto hace que se asuma lo que se lee, no como simple información, sino como conocimiento. De tal manera que se asimila lo mejor de la vida, abriendo la mente a lo local, nacional y universal.

No es suficiente leer, se requiere de “aprehender” el conocimiento, interpretar y producir nuevos juicios. Esto no es factible de lograr sin la escritura como medio de divulgación acerca de lo que el sujeto social ha incorporado a su vida. Nacemos y aprendemos a hablar como lo hacen nuestros padres, vecinos y profesores. Vamos al kínder, luego a la primaria, posteriormente a la secundaria, preparatoria y universidad viendo al facilitador académico y libros como objetos extraterrenales. Ingresamos a la esfera productiva y formamos familia y queremos continuar en esa línea intacta de no hacer nada.

A muchas personas les gusta vivir de la tradición oral y por eso piensan que no hay nada detrás de la cortina de lo ya dado. No nos enseñan a leer y escribir como fase siguiente y por eso brota el disgusto para explorar nuevas fronteras. Esta premisa es una de las muchas causas del atraso cultural, idiosincrático, científico y tecnológico de las sociedades, específicamente las “tercermundistas”.

Pero antes de aprender a escribir es preciso aprender a leer. Si no existe fomento al hábito de lectura no es posible que haya más universos para la comunicación. El habla es una destreza importante para vivir, pero no es suficiente. Es necesario el desarrollo de la lectura y por ello tiene que buscarse el acercamiento orgánico con los libros. La lectura permite ingresar al ser humano al saber integral ampliado. Basta recordar que la civilización tal y como la adoptamos no sólo se expresa en usos y costumbres, sino se almacena en libros. Ignorarlos es desconocer lo bueno, bello y útil que ha sido, es y será la humanidad.

Cuando alguien escribe está convirtiendo en accesible todo aquello que sabe o acaba de descubrir. Al vivir las experiencias al máximo, pensar, leer y exponer por escrito se está poniendo a disposición de otros el ser, el conocimiento y las trayectorias de vida emocionales, espirituales y materiales que le han transmitido otros, que ha hecho suyos y que ahora se pone a la disposición de la unidad humana. Dar y recibir…….eso es todo.

** Politólogo, comunicador, escritor, catedrático-investigador y asesor.

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LUDOPATÍA Y DESINTEGRACIÓN SOCIAL EN MÉXICO

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Por Baltasar Hernández Gómez.

Las alarmas debieran encenderse con luces destellantes y sirenas estridentes ante la noticia difundida por la Secretaría de Gobernación mediante la cual informa sobre la existencia legal de más de mil casinos en México. Esta cifra obviamente no incluye clubes clandestinos, casas de juegos tolerados y miles de máquinas colocadas en misceláneas y tiendas minoristas, con las que se podría tener una dimensión más exacta del imperio de los juegos de azar.

Aunque incompleta la cifra tiene brillo propio si la comparamos con el número de instituciones universitarias que existen en el país y que están para dotar de capacidades profesionales para que los jóvenes se integren a la vida productiva. Por los efectos directos de la pandemia Covid 19 muchos jóvenes han visto imposibilitado sus sueños de adquirir grados académicos al carecer de medios para que ellos o familiares paguen mensualidades que van de los 3 mil a los 25 mil pesos, o bien, que no tengan acceso a las universidades públicas.

El dato por sí mismo resulta aterrador, pues trasluce que en la segunda década del tercer milenio la idea prevaleciente es que sin opciones para el desarrollo productivo es mejor dedicarse a otras actividades que puedan generar recursos económicos en el menor tiempo posible.

En muchos de los casos hay un pensamiento que flota en el imaginario colectivo: “Vale más un golpe de suerte que estudiar 3, 4 ó 5 años para obtener título y patente profesional. Las poblaciones que destacan por tener mayor operación de casinos son: Tijuana, Baja California (18); Mexicali, Baja California (13); Hermosillo, Sonora (12); Delegación Benito Juárez, Distrito Federal (11); Monterrey, Nuevo León (10) y Zapopan, Jalisco (9), por ejemplo. Y si no es el juego como salida inmediatista, muchos jóvenes y adultos se empiezan a dedicar a la realización de actividades poco transparentes o ilícitas.

La revista Forbes divulgó que la “industria mexicana del entretenimiento” origina más de cincuenta mil empleos directos, doscientos mil indirectos y una derrama superior a 1,700 millones de pesos anuales. Los cálculos más conservadores estiman que más de 5 millones y medio de personas asisten regularmente a los casinos (en tiempos normales sin pandemia) y por ello la tendencia prevista es que los clubes de juego se incrementen paulatinamente, ya que representan un negocio altamente rentable.

Por lo que se ha visto no existen crisis, depresiones, pérdidas individuales o colectivas que detengan a los casinos y a las personas que asisten de manera adictiva (consciente e inconscientemente). La empresa CODERE, que tiene alianza con Grupo Caliente de Jorge Hank Rhon, hijo de Carlos Hank González, político que ocupó encumbrados cargos en administraciones estatales y federales de las décadas de los años setenta hasta los noventa, además de haber concentrado una de las fortunas más grandes del país, comunicó que la industria de los juegos de azar logró recaudación neta de ochocientos millones de dólares en años pasados. Esto fue una perla informativa, pues a partir de 2015 no hay cifras claras dadas a conocer formalmente.

La proliferación de casinos no puede ser vista como captación de dinero o fuente de trabajos a secas, porque su expansión es parte del permiso soterrado para que se perpetren ilicitudes, contubernios, desvío de dinero, corrupción y descomposición social. Aunque iglesias, asociaciones civiles e integrantes de partidos políticos propaguen en público que están contra los casinos, el poder de Televisa, Olegario de los hermanos Vázquez Raña, de Carlos y Joaquín Riva Palacio, y los hermanos Rojas Cardona, entre otros, puede más que advertencias, muertes, atentados (como incendios provocados en Monterrey y ciudad de México) y miserias humanas.

El argumento central de los emisarios del juego es que los casinos son complemento indispensable del turismo y el crecimiento económico. Sin embargo, la realidad demuestra que los casinos no son ninguna panacea económica, sino sitios donde por lo menos prosperan adicciones de todo tipo.

Los recursos que llegan a casas de juego tienen diferentes procedencias: sueldos, empeños, venta de propiedades y valores, hasta robo, secuestro, extorsión y lavado de dinero, y por ello la resultante no es medible únicamente en dividendos y apoyos al desarrollo regional o nacional, sino en las repercusiones sociales que estimulan alcoholismo, drogadicción, prostitución, trata de blanca, blanqueo de dinero con procedenciadudosa y ludopatía. Ésta última es una enfermedad que trastorna la personalidad de los individuos por la extrema dificultad para controlar impulsos en la práctica de uno o más juegos.

La ludopatía afecta la vida cotidiana, a la familia, la convivencia social, trabajo y preservación de la vida, y por esto no debe confundirse como afición o pasatiempo, toda vez que se trata de una enfermedad crónica, degenerativa y mortal. Mientras las fanfarrias retumban con luces y sonidos, las adicciones aparecen a granel y en corto plazo se transmutarán en graves problemas de salud pública.

En un país con pobreza material, emocional y espiritual a millones de personas sólo les queda seguir rodando por el túnel de creencias sobrenaturales, rifas, tandas, negocios ilegales y apuestas.

Y si de apostar se trata, muchos mexicanos recurren al “desafío” de los juegos, que va desde el volado, que es el acto de arrojar una moneda al aire y pedir una de las dos caras, para ver si se gana al retador una bebida, comida, dinero o propiedad; lotería, juegos instantáneos, bingo, naipes, yak y máquinas electrónicas. La creciente incertidumbre laboral y escasísima movilidad socioeconómica han provocado que muchos mexicanos de todas las edades opten por la prostitución, robo, comercio informal, piratería y casinos.

¿Para qué estudiar tantos años si con un golpe de suerte puede resolverse el futuro inmediato? En muchos casos jóvenes, adultos y personas de la tercera edad se vuelcan a gastar lo que tengan o consigan. La sinapsis simbiótica genera el pensamiento de que es preferible estar junto a personas desconocidas, recibiendo sonrisas y pláticas frívolas en un casino o casa de apuestas, que permanecer en una habitación con familiares o amistades. Por tal motivo, les es más “entretenido” apostar que estar flagelándose el alma.

Ante un panorama de desempleo, salarios raquíticos, estrés y sintiendo la “espantosa levedad del ser”, millones de mexicanos acuden a “distraerse y malgastar” en las salas de juego. En el paisaje oculto de la psicología personal, las apuestas por la educación, por la sana convivencia familiar y social son postergadas o arrumbadas en la “tierra del nunca jamás”.

Varias historias……..

El profesionista

Joel obtuvo hace trece años la licenciatura en administración de empresas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Es soltero con 39 años de edad y vive con una hermana que todo el tiempo le recrimina que es un fracasado, un don nadie que no tiene dónde caerse muerto. Además de que habla y escribe correctamente el idioma español, maneja a la perfección el inglés y un poco de francés, pero ni así logra conseguir un trabajo digno donde se aprecie su valía y le permita tener una vida honorable.

Después de doce años de trabajar en una empresa productora de pinturas automotrices la rutina le resulta una carga sombría. Se despierta anhelando cataclismos naturales para no asistir a sus obligaciones de llevar el control del inventario del almacén. Evita a toda costa a la señora que vende alimentos afuera del edificio porque le debe dinero y se esconde de los vendedores de ropa, calzado, aparatos electrónicos y lociones que quincenalmente van a cobrarle deudas añejas.

No tiene novia ni compañera para compartir la mitad del sábado y el domingo. Sus experiencias amorosas fueron catastróficas y por eso tiene la convicción de que todas las mujeres sólo ven el signo monetario en la frente de los hombres. Duerme acompañado de un muñeco de acción GI-Joe que abraza con apego obsesivo.

Su camastro tiene un indecente tufo a cerveza y tabaco, pero le sigue siendo útil para soñar que la suerte algún día tocará su puerta y entonces su existencia dará un giro de ciento ochenta grados. Fantasea que ganará el premio mayor de la lotería o el monto acumulado de las máquinas de juego electrónicas donde se sienta horas y horas los fines de semana.

Tiene tres pantalones, 5 camisas, 7 pares de calcetines, 7 camisetas, un par de zapatos remendados, 6 calzoncillos desgastados, un reloj con la carátula de Mickey Mouse que fue regalo de su padre cuando terminó la secundaria, cama, silla y mesa de plástico, así como 23 libros que le recuerdan su paso por ciudad universitaria. No hay anillo en su dedo anular ni cadena de oro que penda de su cuello. Lo poco que alguna vez tuvo fue empeñado y jamás recuperado.

Vive al día, pero busca la ocasión de guardarse unos billetes para seguir jugando compulsivamente. Su físico muestra evidentes síntomas de deterioro, ya que no come bien y está regularmente enfermo del estómago y la garganta. A últimas fechas su apariencia corporal es desaliñada y con semblante de angustia rancia que ni trescientas sesiones de terapia psicológica podrían remediar.

La tremenda crisis existencial que afronta lo ha hecho plantearse que debe acudir con algún hechicero, chamán o brujo para quitarse la “maldición” que corroe sus entrañas. Aún con la hecatombe que sufre no muestra empeño en cambiar hábitos y sigue girando en la vorágine de la perdición. Muchas ocasiones sueña que si las cosas continúan igual se lanzará a las vías del tren subterráneo que circula a dos cuadras de la minúscula habitación donde habita, porque “muerto el perro se acaba la rabia”.

El abandonado.

Miguel tiene 57 años de edad y es divorciado. Empezó a jugar desde los 15 años cuando llenaba quinielas de fútbol a instancias de su padre, que se la pasaba todo el día en un bar de la colonia Roma donde vivía la familia. A los 30 años se aficionó a las carreras de caballos y posteriormente comenzó a jugar póker con un grupo de vecinos. Perdió la hipoteca de su casa y rentó una habitación en la azotea de un edificio del centro de la capital de México.

Derrochó ahorros y pidió su retiro voluntario en el trabajo que había conseguido por recomendación de un primo en la Secretaría de Economía, mismo que dilapidó en cuatro meses. Alcanzó una pensión de 7 mil pesos al mes y debido a las carencias económicas, maltrato psicológico y físico que le propinaba a su esposa, ésta lo abandonó llevándose a sus dos hijos. Desde hace 9 años no sabe sobre su paradero……..ni quiere.

Todos los días, desde las once de la mañana se enclaustra en un casino frente a la Alameda Central y “prueba suerte”, para ver si se le duplican los 200 ó 300 pesos que lleva en su cartera. Puras ilusiones, pues nunca logra su aspiración. Termina perdiendo el dinero después de varias horas en que la colorida y ruidosa máquina de figuras alienígenas le sube temporalmente el monto depositado por medio de tarjeta electrónica, para posteriormente quitárselo. Se queja, llora, patalea y se arrepiente, pero todos los días regresa.

Ha pensado en tirarse del sexto piso donde está ubicado el cuarto que renta, no sin antes pedir perdón a toda la gente que dañó, sin embargo, también le viene el deseo de seguir vivo, vestir bien y comer en restaurantes de categoría. Viendo al techo de su habitación contiene impotencia y guarda deseos suicidas.

Cuando el sosiego retorna encamina su humanidad hacia la sala de juegos donde lo esperan jóvenes de traje negro que sonríen por obligación y decenas de mujeres y hombres que se sientan a su lado, adelante y atrás, teniendo la ilusión de llevarse un premio millonario, ese que a él no le llega, pese a que lleva ocho años ininterrumpidos de asistir al casino.

La complaciente.

Susana es divorciada y tiene 46 años. Sus arrugas, contornos y cabello cano esconden glorias pasadas. Su esposo la dejó hace 3 años porque no soportó sus salidas furtivas, los robos a la caja registradora del negocio de abarrotes que con tantos esfuerzos pusieron y sus constantes ataques de ansiedad mezclados con histeria.

Susy, como le siguen diciendo algunos familiares, comenzó a jugar bingo con amigas de la unidad habitacional donde vivía con Juan, que le insistían que debía distraerse. Se creyó la cantaleta y con tal de no acompañar al marido en el negocio ni sentirse sola, prefirió irse desde temprano a la sala de juegos de Icacos, ubicado en la avenida Costera Miguel Alemán en el puerto de Acapulco, Guerrero, México.

Lo que empezó siendo una distracción se convirtió en un problema del tamaño del mundo. Al poco tiempo las amigas incitadoras desaparecieron, pero ella no se amilanó y continuó asistiendo sola, con la aspiración de agenciarse dinero extra y así adquirir ropa y alhajas que el local de abarrotes no podía darle. Inició jugando en una máquina de “brujitas gritonas” por media hora, luego dos y hoy no se conforma con menos de cuatro horas continuas de estar apretando el botón de apuesta.

En un lugar muy recóndito de la memoria quedó el recuerdo cuando regresó a su casa a las 3 de la madrugada y encontró el departamento casi vacío y una nota encima de la mesa de madera apolillada que servía de comedor. Juan, el que consideraba su Juan, el aguantador por siempre, había escrito en un pedazo de papel cuadriculado: “Te amo, pero no puedo permitir que destroces tu vida frente a mis ojos ni me arrastres a la muerte. Adiós”.

Susana no trabaja, sobrevive de “cooperaciones” que le dan las personas que se sientan junto a ella en la maquinita de juego. Pone cara de mortificación y cuenta fragmentos escogidos de su historia personal. Su melodrama surte efecto y el sentimiento compasivo que provoca atrae pequeños capitales para seguir apostando. Como esto no es suficiente, desde hace diez meses se acerca sigilosamente a hombres muy maduros, pidiéndoles dinero a cambio de favores sexuales en los baños del casino.

Las primeras veces lo hizo con mucha vergüenza, pero ahora no conserva pizca de pudor, ya que la adicción puede más que cualquier principio moral. Se acerca, los ve y les acaricia la entrepierna. Luego avienta un guiño lascivo, indicándoles disimuladamente la entrada al sanitario que se encuentra al fondo del local. En un buen día reúne mil pesos, mismos que casi deja en su totalidad, pues solamente guarda 120 pesos para pagar el taxi que la llevará de vuelta a la pocilga donde habita, un sándwich y una soda.

El paria.

Samuel tiene 33 años y es jugador empedernido. Desde su primer y único empleo formal ocupó un poco más del cincuenta por ciento de salario para apostar. Fue cobrador en una empresa de muebles y quincenalmente sustraía montos de los abonos de clientes para irse al casino.

Un día el gerente hizo arqueo contable y descubrió que la ruta que atendía Sam -como en ciertas ocasiones le decía su madre- era la que presentaba faltantes. Inmediatamente lo despidió con la amenaza de interponer demanda en su contra ante autoridades judiciales, a fin de que quedara largo tiempo en la cárcel. Como nada sucedió siguió deslizándose por el tobogán que conduce al portal del infierno.

Siendo el séptimo de ocho hijos que procreó su madre con 5 hombres diferentes siempre se sintió como animalito que crece solo en la pradera. Cuando logra conversar con alguien manifiesta que su mamá fue de “cascos ligeros”, pero que eso nunca le importó, ya que lo verdaderamente terrible fue que ella padeció de sus facultades mentales. “Soy lo que soy porque ella fue una enferma psicótica que escondió en la ninfomanía sus alucinaciones”, sentencia Samuel cuando su interlocutor de ocasión le palmea el hombro en señal de consolación.

Durante mucho tiempo pudo sostener su adicción vendiendo joyería de plata y oro de la madre y abuela, pero el “tesoro” se acabó. Nunca mantuvo relación estable de pareja porque el juego siempre fue lo primordial. A las novias las citaba en el casino para que lo acompañaran como mironas de palo. Comían el menú económico y al terminarse el dinero las pasaba a dejar -en transporte colectivo- a sus casas. Ninguna de sus conquistas duró más de tres semanas y por eso se acostumbró a andar solo. En este aquelarre de contradicciones llegó al grado de perder todo y ahora es indigente.

Subsiste de hacer encargos a comerciantes del rumbo, quienes le dan 10 pesos por faena. Ante la escasa cuantía que recibe optó por robar mercancía de los puestos ambulantes que ofertan artículos ilegales, tales como discos compactos, ropa, gorras, chamarras, calzado y relojes.

Del botín malbaratado paga la comida del día y la dotación de pastillas Valium para conciliar sueño, las cuales adquiere en el mercado negro situado en la franja fronteriza de Tijuana, Baja California, México.

Su madre está recluida en el hospital psiquiátrico de la localidad y la visita cada seis meses. No va a verla para darle ánimos o víveres, sino para vengarse por lo infame que fue. Le reprocha su locura, haber matado a su padre y no haberle permitido tener una vida normal. Doña Panchis lo oye sin verlo y escurren lágrimas de sus ojos apagados por tanta ingesta de píldoras. La ve con rencor acumulado y muchas veces ha tenido la idea de estrangularla con el mecate que trae puesto de cinturón, pero se conforma con aventarle una letanía de injurias que parecen atiborrar de desazón indescriptible a su progenitora.

Va todos los días al casino Caliente para apostar lo que trae en sus bolsillos y día tras día sale sin nada. Cabizbajo dirige sus pasos al área de tres metros cuadrados que tiene apartado abajo del puente peatonal sur que cruza la avenida Revolución, donde en las madrugadas oye cláxones de automóviles que le recuerdan el tintineo de máquinas tragamonedas. Ahí, rodeado de cartones y mantas raídas, imagina estar en el regazo de su madre.

Lo que sigue…….

La Secretaría de Gobernación (SG) reporta que en el país hay aproximadamente 375 mil máquinas tragamonedas y de éstas el 50% son ilegales y vinculadas con el crimen organizado. El número resulta impresionante, pero más las ganancias que se obtienen: 20 mil millones de pesos.

Tal Secretaría divulgó que existen tres millones de jugadores constantes y de este universo estimado, el 4% [ciento veinte mil personas] está catalogado como ludópatas. Las “tragamonedas” realmente no son cajas de diversión, sino engranes que despiertan y promueven el Leviatán de adicciones que van orillando a la población al delito, disgregación familiar y social.

Aunque la previsión institucional establece que la adicción al juego es nefasta para adultos, jóvenes y niños, y que se están decomisando miles de “maquinitas” ilegales, la postura final es que no puede prohibirse el juego, sino controlarlo para que no generar clandestinidad. Ajá, decía mi tío abuelo Cutberto.

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En los pasillos del poder

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Por Baltasar Hernández Gómez ۞

(Análisis, comentarios, noticias, reflexiones, trascendidos y filtraciones sobre la política y los políticos de México, estado de Guerrero, Acapulco y más allá)

Jueves 16 de septiembre de 2021.

1.- El Presidente de México en Guerrero y Acapulco

2.- El grito de Independencia en Acapulco.

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1.- El Presidente de México en Guerrero y Acapulco

En la proximidad del cambio de poderes en Sinaloa y Guerrero, el Presidente López Obrador está empezando a saldar cuentas con gobernantes que no son de su filiación política. Así lo ha hecho con el todavía Gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel (PRI), al invitarlo públicamente a ocupar la titularidad de la embajada de México en España.

Se presume que el nombramiento es producto del posicionamiento que tuvo el abogado y máster en administración pública sinaloense en las elecciones de junio pasado, que dio luz verde a la operación exitosa del partido Morena, teniendo a favor la colaboración de los capos de la tierra del tomate. El Presidente lo invitó sin importarle la opinión de su equipo de trabajo ni del partido Morena y mucho menos de los expertos en diplomacia.

Dicen los que saben que esta consideración fue tomada por López Obrador después de haberse entrevistado con la madre de Joaquín Archibaldo Guzmán Loera -reunión que se caracterizó por la excesiva calidez con la que el primer mandatario trató a la señora Ma. Consuelo Loera Pérez- en virtud de que en esta reunión privada no solamente se tocaron asuntos relacionados con las condiciones de vida y legales del hijo encarcelado en una cárcel de Estados Unidos, sino también cómo está la comunidad de Badiraguato y en qué nivel se encuentran las nuevas correlaciones entre los “hombres de honor”, concepto utilizado por el personaje central de la obra del escritor Mario Puzo, El Padrino.

Todo parece indicar que lo mismo sucederá con el actual Gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo Flores, pues se rumora que, pasando la primera quincena del mes de octubre, López Obrador lo nombrará embajador en un Perú o Bolivia. La invitación no proviene por la capacidad política o diplomática del político oriundo de Tixtla (tierra que vio nacer al independentista Vicente Guerrero Saldaña), sino que es la retribución al rol que desempeñó como “fiel de la balanza” en el pasado proceso electoral 2021.

Astudillo Flores no apoyó las estrategias ni acciones del PRI regional y no estuvo al lado del candidato Mario Moreno (no Cantinflas, sino de apellido materno Arcos. Una vez que las autoridades electorales anunciaron el triunfo de la morenista Evelyn Salgado Pineda, hija del senador Félix Salgado Macedonio, el Gobernador fue el primero en reconocer los resultados y llamó a sus “correligionarios” y al candidato perdedor a respetar el desenlace electoral.

A un mes de dejar el cargo, Héctor Astudillo está, como él mismo ha insistido, enfocado en concluir su gestión de la mejor manera, tratando de no meterse en problemas con los actores políticos y económicos de la entidad sureña y que el proceso de transición/traspaso de gobierno no sea complicada para su sucesora. Si lo logra tendrá como recompensa la embajada en un país sudamericano, o bien, una subsecretaría no relevante o la subdirección general en una paraestatal.

A Astudillo Flores no le quedan más opciones: o es esto o tendrá que afrontar sin protección el fuego del priismo nacional y regional que ahora lo ve como renegado. El todavía Gobernador de Guerrero va a aceptar la oferta lópezobradorista sin importar el costo político de adherirse a la administración federal morenista, pues si se queda sin paracaídas político tendrá que enfrentar, entre otras muchas cosas, las investigaciones de la Auditoría Superior de la Federación y a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y su órgano fiscalizador, el Sistema de Administración Tributaria.

Mientras esto se concreta, el Presidente López Obrador dio el grito de manera virtual y la Lotería Nacional rifó bienes muebles e inmuebles decomisados a infractores de la ley, como una casa en Sinaloa propiedad del otrora poderoso “Patrón” Guzmán Loera, mejor conocido como “El Chapo”. Así las cosas.

Como dato curioso informo que para este sorteo se emitieron 2 millones de “cachitos” y cada uno de ellos tuvo un costo de 250 pesos.

2.- El grito de Independencia en Acapulco.

La gente se pregunta por qué la Presidenta Adela Román Ocampo tuvo el atrevimiento de festejar la Independencia de México si no tuvo la capacidad de diálogo y acercamiento con los acapulqueños, siendo una gobernante autoritaria que no pudo administrar los destinos de cientos de miles de acapulqueños. Sin embargo, su osadía fue mayor y en la distancia sólo se limita a observar el repudio, creyendo que son enemigos porque ella sí ha triunfado y hecho lo que ha querido, sintiéndose fortalecida porque está a punto de regresar a la opacidad de la magistratura que posee en el Tribunal Superior de Justicia de Guerrero, luego de tres años de licencia.

Desde las 7.15 a.m. de ayer, cuadrillas de personal operativo de diferentes áreas del Ayuntamiento (sin la H de honorable, claro está) arreglaban el edificio vetusto y descuidado en que se ha convertido el antiguo palacio municipal, que después del reciente terremoto de 7.1 grados Richter y medio millar de réplicas, presenta daños estructurales. Ya pasadas las 9 de la noche Adela Román dio el grito de dolores (que no de Dolores, Guanajuato) rodeada del cuerpo edilicio, colaboradores cercanos, familiares e incondicionales. De pie en el balcón remozado que da al costado izquierdo de la iglesia denominada “Nuestra Señora de la Soledad” en pleno zócalo de Acapulco, portando uno de sus característicos vestidos estrafalarios de flores multicolores, procedió a actuar de acuerdo a los protocolos en este tipo de eventos.

No hubo público y no porque realmente estuviera estrictamente prohibido reunir a dos centenares de habitantes por estar en semáforo naranja debido a la pandemia Covid 19, sino porque supo que si asistían personas hubiera sido blanco de insultos y protestas, tal y como ya tenían planificado escenificar tres grupos de Morena que no están a gusto cómo va a dejarle la presidencia y Acapulco a Abelina López Rodríguez.

Esa misma explanada vacía en la noche del grito de Independencia no se pareció en nada a la de la mañana, pues estaba abarrotada por mujeres y hombres que trabajan en áreas de limpieza y conservación sin ser sindicalizados o eventuales porque están incluidos en la llamada “lista de raya”, la cual es un listado outsourcing municipal controlado de manera discrecional por los funcionarios más allegados a Román Ocampo y algunos regidores. Los trabajadores eventuales esperaron hasta pasado el mediodía bajo el inclemente sol con la esperanza de recibir su pago quincenal, tapándose sus rostros con lo que pudieran, bebiendo agua y mentando madres porque el pagador no llegó temprano y a muchos les informó que su dinero o cheque estaría hasta el lunes siguiente.

Mientras Adela Román arengaba con la bandera mexicana levantada, jalaba la cuerda de la campana y recordaba los nombres de los héroes independentistas y al gobierno de la cuarta transformación, las calles seguían obscuras y sin patrullaje, las fugas de agua y drenaje por doquier. No se acordó que cientos de jubilados y pensionados no han cobrado desde hace mes y medio y que en este mes no hay perspectiva que lo hagan.

No se acordó que empresarios no han podido cobrar sus facturas por servicios y productos provistos a las instituciones municipales. No se acordó de que en las colonias, barrios y fraccionamientos no hay suministro de agua potable. No se acordó que las calles están sin bacheo y llenas de vehículos oficiales en estado deplorable y de basura acumulada. No se acordó de la urgente necesidad de más de 8 mil familias que fueron afectadas por el terremoto del pasado 7 de septiembre y las lluvias torrenciales de hace dos días.

Mientras gritaba las proclamas festivas no pareció importarle que el propio Presidente López Obrador haya dicho públicamente -hasta en dos ocasiones- que resulta imperdonable que el Ayuntamiento de Acapulco haya gastado recursos públicos exorbitantes destinados a funcionarios y ediles, que incluyen salarios mensuales de hasta 96 mil pesos y el denominado “bono de gestoría” por un monto mensual de 140 mil pesos, cantidad que Adela Román disfrutó por ser formalmente edil. Nada más hay que multiplicar 140 mil pesos por 36 meses por 22 miembros del Cabildo para ver el tamaño del despilfarro financiero.

Dicho monto pudo haberse canalizado para resolver varios problemas que afectaron y siguen afectando la funcionalidad del municipio y, por ende, la calidad de vida de los acapulqueños.

Por las últimas declaraciones del Presidente López Obrador pareciera que Adela Román será la primera servidora pública de la nación (¿?) que estará colocada en la tribuna pública y judicial como ejemplo de que la 4T sí castigará a quienes se hayan desviado de los preceptos no mentir, no transar y no traicionar. Dentro de 13 días empezarán a visualizarse algunos desenlaces.

Quien tenga ojos que vea. Quien tenga oídos que oiga. Quien no, pues no.

۞Politólogo, comunicador, escritor y catedrático-investigador.

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Protocolos de convivencia social y política

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Los casos de Irán y México

Por Baltasar Hernández Gómez.

El Tarof iraní.

El Tarof es un esquema ceremonial que tiene aplicación en Irán para regular comportamientos sociales. Es un compendio amplio y dinámico de palabras, gestos y conductas que los iraníes asumen para intercambiar saludos, desenvolverse en actos públicos y privados, tratar a personas de diferentes clases sociales, familiares y amistades. Aunque algunos sociólogos afirman que el Tarof es una guía protocolaria explícita para quienes lo practican, la verdad es que no, pues los signos comunicativos utilizados tienen un grado extendido de implicitud, que causan dobles sentidos.

Esta etiqueta de socialización resulta complicada de explicar, ya que los códigos parecen evaporarse en un sinfín de laberintos lingüísticos y no verbales. Lo que para occidente parece sumisión y zalamería, para los iraníes es muestra de hospitalidad, humildad y amabilidad. El trato cotidiano y formal de los “persas modernos” exhibe respeto y abnegación, que es condición sine qua non para cerrar paso a posturas soberbias.

Es obvio que la sociedad iraní no es resignada o sumisa, ya que la adaptación de este modelo comunicativo es para convivir por medio de un conjunto de expresiones afables, que dan posibilidad a los interlocutores de “dejarse llevar”, es decir, de optar por la aceptación o rechazo hacia pensamientos o actos que surjan en una circunstancia particular.

Su arraigo data de la etapa feudal donde tenían que “honrarse” los prestigios, otorgando a cada quién lo que le correspondía, de conformidad con la posición económica, social y familiar. El Tarof era una manera de absorber o procurar influencia en gobernantes, amistades y familiares.

Sin embargo, la modernidad ha cambiado los términos: de relaciones interpersonales sumamente elaboradas se pasó a actuaciones específicas, a fin de que prevalezca un entendimiento preciso para erradicar interpretaciones equívocas que retrasen toma de decisiones. En la cultura occidental los sujetos sociales manifiestan su modo de ser de manera explícita, con el propósito de que los procesos económicos, sociales y políticos no se vean interrumpidos por desentendimientos.

El Tarof es una especie de secuela del arraigo a la esfera del poder y ha servido para que no haya una conducción directa. De tal manera se puede decir que es un mecanismo de defensa que pone diques de contención al trato claro y al mismo tiempo rasga parámetros valorativos entre emisores y receptores de los mensajes sociales.

Frecuentemente el Tarof es una secuencia de manifestaciones de buena voluntad, pero al mismo tiempo procedimiento social que complica la decodificación de los envíos comunicativos en una coyuntura dada. Para empezar a entenderlo citaré una formalidad que se usa en la cotidianeidad occidental: al centro de la mesa hay un platón con lasaña recién salida del horno

¿Quién toma el cuchillo para cortar la primera rebanada? ¿El dueño de la casa, la anciana que va de visita, el hijo que acaba de llegar de la secundaria, la esposa o la persona que ayuda en las labores domésticas? Lo normal es que el o la dueña de la casa se levante de su silla para rebanar el platillo y servir las porciones a los invitados. La anciana en primer lugar, luego las mujeres, jóvenes y niños, o bien, los niños, ancianos por delante y posteriormente los demás comensales.

Aunque el jefe de familia, esposa e hijos debieran servirse primero (porque ellos gastaron en suministros o están cansados o hambrientos por las actividades realizadas durante el día) la tradición obliga a ceder la comida a los invitados.

Para el tarof iraní la ocasión serviría para desarrollar un escenario distinto: si alguien lo invita a comer se negaría educadamente a asistir, agradeciendo la esplendidez con múltiples halagos. Se resistiría hasta en tres ocasiones, pero si la persona insiste, luego entonces aceptaría, toda vez, que quedó comprobada la sinceridad del invitante. Obviamente la porción número uno será para el convidado, quien nuevamente rechazaría la oferta otras tres veces hasta acreditar la deferencia.

Otro ejemplo es cuando un hombre se encuentra con un conocido y elogia la hechura de su camisa. El propietario reaccionará ofreciéndola en regalo (gesto que puede ser auténtico o simple ejercicio “tarofiano”). El halagado se desvive por no aceptarlo, exclamando alabanzas por la generosidad del otro. Si las cosas quedan ahí los dos se despedirán pensando que el otro es una persona íntegra y respetuosa.

Si hay aceptación del regalo, el que se apropia de la camisa honrará el desprendimiento, pero el que obsequió podrá lamentarse (para sí) de su promesa o por la osadía del amigo que a esas alturas ya no lo es tanto.

Para la cultura occidental el tarof es recetario de signos ambiguos que suponen deshonestidad o hipocresía, toda vez que el lenguaje oral y corporal admite palabrería amable y cortesías barrocas. No obstante tal interpretación, la semiología empleada no es de fácil entendimiento, por lo que no puede ser encasillado en las tablas axiológicas de la racionalidad liberal.

Actualmente mucha gente puede espantarse por semejantes expresiones, pero esto no debería pasar porque durante muchos siglos -desde el medievo hasta la época victoriana- las conductas sociales fueron altamente confeccionadas con guiños, silogismos, halagos, ademanes pomposos y vestimenta llamativa, con la finalidad de complacer a los poderosos.

A pesar de la opinión de europeos, asiáticos y americanos los iraníes continúan desenvolviéndose con el tarof a flor de piel. Casi nunca elevan decibeles al hablar y se explayan largo tiempo en insistir a otro(s) que pasen primero por una puerta o que tomen asiento. Sus protocolos contienen un repertorio de modales exquisitos, saludos, palmadas y silencios cuando el interlocutor está dialogando.

La mexicaneidad.

Aunque los protocolos sociales en México están regidos por la gentileza nunca llegan a ser “exquisitos”. Los mexicanos emplean un abanico de expresiones corporales y verbales para dar bienvenida, halagar, solicitar, invitar o despedir. Desde el apretón de la mano derecha y los saludos hasta el abrazo efusivo en la espalda. Esto es simbología de cordialidad y entrega que trata de demostrar que el respeto, sinceridad e interés son armas que derriban cualquier inconveniente.

Es habitual que turistas alemanes, holandeses, noruegos, suecos, chinos, ingleses, norteamericanos y canadienses queden sorprendidos ante la amabilidad mexicana. El abrazo, sonrisa, beso en la mejilla y apretón sólido de mano les parece fuera de lugar. Y cómo no si en muchas latitudes el roce o toque táctil es casi inexistente y por eso al sentir en carne propia cortesías se quedan con cara de what.

La sociabilidad en muchos países occidentales es fría: la mano levantada de lejos, sonrisa, mirada y frases estereotipadas son las únicas demostraciones de cordialidad. La mayoría de mexicanos aplica la máxima sólo por hoy, porque no importa si mañana la amistad se esfumó o crece. El momento es lo único que interesa. Mañana Dios dirá, remarca un refrán popular.

Todavía -afortunadamente- el grueso de la mexicaneidad se da a la primera. El familiar, amigo, compañero de trabajo, vecino, el o la que camina junto y de frente, el desconocido y el que es presentado son tratados con afabilidad. Desde un sencillo hola hasta ponerse a sus órdenes son carta de bienvenida. Ni se diga de la invitación a la casa para comer, a observar un partido de fútbol o ir de paseo con la familia, pues son pautas de empalme convivencial para romper hielo o convenir treguas.

Y aunque estos protocolos se conceden con naturalidad en el ámbito social, no sucede lo mismo en el contexto político. La presumible cordialidad de los políticos trae consigo el enmascaramiento de estocadas, dobles lenguajes, reclamos y ajustes de cuentas, que a la menor oportunidad afloran de manera directa, a través de terceros o negación de favores. Los gobernantes y políticos tienen un prontuario de hipocresías: saludan, abrazan, dan besos y se toman la fotografía con ancianas desvalidas, discapacitados, niños pobres, madres solteras, desempleados y gente de la calle para aparentar cercanía y preocupación, ya que se trata de pose para los medios de comunicación impresos y electrónicos.

Después de que el camarógrafo, fotógrafo o reportero efectuó su trabajo, legisladores, gobernadores, presidentes municipales y funcionarios públicos se incorporan apresuradamente a su comitiva para lavarse las manos y el rostro, llegando incluso a cambiarse de vestimenta y ponerse gel sanitizante, a fin de eliminar cualquier bacteria o virus que haya dejado la gente en su cuerpo.

Entre los miembros de la clase política, incrustada por diversos medios de negociación, arreglo o fraude en el sistema político partidocrático, el protocolo aparentemente es uno, pero la verdad es que son muchos a la vez. Dos correligionarios o adversarios pueden encontrarse y saludarse efusivamente, departiendo sonrisas y augurándose futuros espléndidos, pero al mínimo descuido uno o los dos se lanzará al ataque, recurriendo a la táctica de carambola de tres bandas, que dificulta al otro saber cómo se desplazará la bola…………..hasta que ya la tiene adentro de su buchaca.

Cuando un político, gobernante o servidor público exterioriza que va a iniciar una investigación imparcial sobre un caso que involucra a persona u organización es porque al término de horas o días el adversario ya está pisando juzgados acusado de peculado, tortura, asociación delictuosa o ataque sexual. El indiciado devolverá la “deferencia” enviando subrepticiamente, manifiestos, cartas, videos y audios del enemigo haciendo convenciones con miembros defenestrados de la política, economía o crimen organizado. Las sonrisas son algo así como ¡Ya verás cómo te voy a exterminar! porque el que ríe al último carcajea mejor.

Resulta paradójico que este antiprotocolo ofrezca oportunidad de dar lectura inversa, puesto que en repetidos eventos un ataque no lo es: en procesos electorales los contrincantes despliegan campañas propagandísticas hilvanadas con acusaciones e injurias contra opositores, sin embargo, la realidad es que son amigos, parientes o socios, que buscan llamar la atención a toda costa y confundir a los votantes.

En estas escaramuzas quien resulte ganador, obtiene para sí la legalidad del poder, pero el que pierde también triunfa porque le confieren una cantidad considerable de puestos administrativos, concesiones y negocios. En la mente de los políticos no es sustancial que un porcentaje de ciudadanos haya creído las verdades o mentiras en su contra porque es muy corta la memoria histórica y muy grande el cinismo para reciclarse en próximas contiendas.

En la actualidad partidos que se autodenominan progresistas, éticos y de izquierda públicamente se arrojan a la yugular del partido gobernante (PRI) y del presidente de la República para advertir a la sociedad que son autoritarios y vendepatrias, pero en lo subterráneo comen en el mismo plato y se intercambian favores legislativos, pagos extraordinarios y contratos millonarios. Con una mano apuntan a los enemigos y con la otra aceptan cheques o tarjetas de débito cargadas de fortunas. En la otra esquina del ring el mandatario federal y su partido reconocen ante cámaras de televisión que los partidos de oposición son necesarios, pero a ras de piso, desarrollan estrategias y ataques de baja intensidad para desprestigiarlos.

Existe una simbiosis comunicacional, toda vez que los mexicanos perciben desde hace muchos lustros que el lenguaje de la política es simulación. Cuando se esparcen discursos democráticos lo que verdaderamente está diciéndose es que vendrán tiempos con más centralismo y dominación. Cuando se apunta beneficio social es porque en la mayoría de las veces están endureciéndose los canales de participación y distribuyéndose la riqueza nacional en una élite.

**Politólogo, comunicador, catedrático-investigador y asesor.

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